sábado, octubre 22, 2011

Perdida

SINOPSIS

Sin tener idea de su futuro, Cris tratará de reencontrarse consigo misma de nuevo. Después del secuestro y asesinato de su padre, ella se ha cerrado completamente al mundo, incluyendo a su compañero del alma, Dominic y de su hermano, Lucas.


La oscuridad la invadió y sin quererlo se ha convertido en una más del clan de los Desalmados, pero lo que ella no sabe es que Alex, su mejor amiga y ángel de la guarda, está haciendo un plan junto con Cassian, su antiguo amante, para rescatar a Cris y a su madre de las garras de Graven, su secuestrador. ¿Podrá Cris regresar al mundo y salvar la vida de todos después de perder su alma?

ADELANTO


Me alejé de Lucas y de Kaene a paso apresurado. -¿Estás bien? –Oí preguntar a Kaene en la distancia. Me giré hacia él con lágrimas en mis mejillas y le mostré el dedo medio. No sé porque lo hice, era un acto infantil, pero no sabía cómo sacar toda la rabia que había dentro de mí, quería gritar, quería correr, quería matar… beber el hermoso liquido carmesí de alguna persona, el delicioso vino me llamaba como ninguna otra cosa.


Alejé esos pensamientos de mi mente por ahora, no podía dejarme llevar y matar a alguien. Tenía que controlarme. Todo estaría bien dentro de poco, todo era un mal entendido. La magia negra no existía, solo había un pequeño golpe en la cabeza de Dominic que había causado una pequeña amnesia.

Tomé la pequeña medalla que Dominic me había regalado cuando me encontraba en el hospital y la froté entre mis dedos mientras repetía una y otra vez la pequeña oración, las lágrimas bajaban por mi rostro sin darme cuenta. Todo mi mundo era difuso. Pero aun así logré entrar en mi habitación, solo para encontrarme con mi madre. Corrí a sus brazos y ella me presionó contra su pecho acallando mis sollozos. -¿Es cierto mamá? ¿Él no me quiere? –Su rostro estaba caliente por las lágrimas en él, mientras ella asentía, mi corazón se quebraba. –Quiero verlo –Dije mientras me limpiaba las lagrimas. No lo creería hasta que lo hubiera visto por mí misma. -¿Estás segura? –Preguntó mi madre, mientras limpiaba mis mejillas. –Estoy más segura que nunca. –Y era cierto, nunca había estado tan esperanzada en algo.

***

Media hora después caminábamos por los pasillos de la escuela hasta los dormitorios de los profesores. Una calmada tensión crepitaba en el aire y eso puso los vellos de mi cuello al máximo.

Nos detuvimos frente a una puerta de roble, la cual recordaba perfectamente. Era la habitación de Dominic. La que tantas veces había visitado en las noches tan solo para encontrarla vacía mientras él había salido a patrullar esos últimos días.

Mi madre tocó suavemente la puerta y se retiró dándome privacidad para hablar con Dominic. Esto tenía que ser una mentira, una broma cruel de Dominic.

Una mujer abrió la puerta de la habitación, una mujer rubia y atractiva, ¡Leonila! Ella no era vieja como la había visto en la reunión. Ella tenía un largo cabello rubio y exuberantes curvas, rematadas así mismo con un vestido demasiado corto y un lápiz labial muy llamativo. A mi parecer se veía más como una prostituta que como una integrante del consejo real. -¿Busca algo alteza? –Preguntó en un estúpido tono de inocencia, que era tan fingido, así como sus pechos eran falsos.

-Busco a mi pareja. Quiero que te quites de mi camino si no quieres morir. –Mi tono era tan territorial y no me importaba, Dominic era mío, él mismo lo había dicho. Ahora no podía retractarse. –Nick está en la ducha, ha tenido un día de perros y me indicó que no dejara pasar a nadie, tengo que darle un masaje en la espalda para que se calme. Ahora si me permite con todo respeto… -La mujerzuela no terminó la frase por que la tomé rápidamente de la muñeca y la jalé hacia el pasillo quedándome en su lugar. Tan sorprendida estaba por mis movimientos que no se dio cuenta de que le cerré la puerta en la cara y puse el pestillo. ¡Bravo Christine! Me aplaudí mentalmente.

-¿Quién estaba en la puerta Leonila? –Preguntó un recién duchado Dominic, con tan solo una toalla encima estaba para comérselo. Su tordo oscuro con músculos definidos, definitivamente tenía que comerme esa tableta de chocolate algún día. Sus brazos eran dignos de mirar. Era un hermoso hombre, seguro de sí mismo y cómodo con su sexualidad y desnudez.

Su miraba se posó en mi y pasó de sorpresa a un profundo odio en menos de cinco segundos. Y la fascinación que había sentido momentos antes se apagó cuando Dominic dejó caer sobre mí una nube negra de culpas. Yo no sentía nada de él, nada de emociones, absolutamente nada, ni mi poder para leer emociones servía, así como tampoco lo hacia nuestra conexión como pareja, porque nuestro frágil lazo se había roto por completo, ahora yo solo era una extraña para él, una extraña conocida. A la cual quería mantener en la bahía de su vida. -¿Qué haces aquí? –Preguntó en un tono frio, mucho más frio del que esperaba viniendo de él. –Viendo cómo te encuentras.

Su mirada me escrutó de una manera tan imposible, como si leyera mis pensamientos y viera en mi alma, pero no para bien, él quería retorcerla en sus manos y clavarla a la pared como un trofeo. El ya no me amaba.

-Tú no me quieres pero yo te amo y ver esa espantosa realidad me está consumiendo, ¿acaso no lo entiendes? –Exploté viendo su silencio. Todo era verdad, el ya no me amaba. Y eso hizo que mi cuerpo se sintiera flaquear.

-No tienes derecho de hablarme así, tú eres una maldita bastarda a mis ojos. Nada cambiará eso. Una hipócrita, una farsante. –Él en realidad no había dicho eso… Mis lágrimas salían a toda prisa, estaba sollozando con fuerza. -¿Qué nos hicieron Dominic?

-No nos hicieron nada Christine Davyna, solo me di cuenta de que nuestro amor, como tú lo llamas nunca existió, todo fue parte de tu imaginación, algo que tu creaste, yo nunca te he amado y nunca lo hare. No eres nada para mi, ¿acaso no lo entiendes? No me importa que seas la reina de la raza, eso no durara mucho.

Desesperada por sus palabras me quité la medalla que él me había regalado y tomé sus tensas manos, le susurré la pequeña oración que el me había dicho. –Virgen… si tienen ojos que no me vean, si tienen manos que no me agarren… -Mis lágrimas salían conforme decía las palabras que se encontraban en mi corazón alojadas tan profundamente, la vida no podía ser tan cruel, el destino me había dejado saber que mi futuro era otro, pero una sucia trampa de alguien malvado había destruido eso. Pero tenía que arreglarlo. –Si tienen piernas que no me alcancen, por favor no permitas que nos atrapen. Amén. –Mientras hablaba mantuve la mirada firme en la suya, y vi un rápido brilló en sus ojos, algo que era tan característico de Dominic, esa paz interior que le brindaba a todo el mundo, ahora estaba presente en él. Y me pregunté a donde había ido su medalla. La que por nada del mundo quitaba de su cuello.

Solté sus manos, y el brillo en su mirada desapareció sustituido por el mismo aborrecimiento. –Eso no funciona conmigo Cris. No me importa si lo dije o no, ya no creo en esas cosas. Todo está en las cosas visibles, no en tonta fe creada por fantasiosos, y oportunistas.


-Ese que habla no eres tú. Algo te ha sucedido, es cierto que usaron magia negra en ti. Y yo lo arreglare, nadie puede alejarte de mí. –Jalé su cuello hacia abajo y lo besé con fuerza, por un segundo todo estuvo bien hasta que él me apartó y abofeteó mi mejilla. Yo jadeé por aire, y sentí que mi labio sangraba. El odio por mi era tan profundo que había llegado al punto de golpearme.

Me apuntó con un dedo mientras sus ojos estaban rojos de ira, era la imagen misma de la destrucción y toda ella estaba dirigida a mí. –Escúchame bien maldita perra. Nunca, ¡Nunca! Hagas eso de nuevo, tan solo de verte me revuelve el estomago. Eres tan repulsiva a mis ojos. ¡Lárgate! –Estaba en shock viendo la sangre en mis dedos. Nunca imaginé que Dominic pudiera hacer algo así, el no era de esa manera, nunca golpearía a una mujer. Era un hombre dulce aunque letal. Jamás se hubiera atrevido a golpearme si estuviera consciente de sus actos.

Salí de la habitación en silencio aun viendo mis dedos, mientras mis lágrimas salían nuevamente, no las podía controlar, el dolor en mi mandíbula era fuerte pero era una pobre comparación con el dolor de mi corazón roto. Una vez Dominic me había perdido, yo había desaparecido físicamente, pero había regresado, ahora él se había ido de una manera que dudaba, duda mucho que regresara.

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¡He renunciado a ti. El amor se desvanece, el mio lo ha hecho!

-Spirit Bound-

sábado, octubre 22, 2011

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Sin tener idea de su futuro, Cris tratará de reencontrarse consigo misma de nuevo. Después del secuestro y asesinato de su padre, ella se ha cerrado completamente al mundo, incluyendo a su compañero del alma, Dominic y de su hermano, Lucas.


La oscuridad la invadió y sin quererlo se ha convertido en una más del clan de los Desalmados, pero lo que ella no sabe es que Alex, su mejor amiga y ángel de la guarda, está haciendo un plan junto con Cassian, su antiguo amante, para rescatar a Cris y a su madre de las garras de Graven, su secuestrador. ¿Podrá Cris regresar al mundo y salvar la vida de todos después de perder su alma?

ADELANTO


Me alejé de Lucas y de Kaene a paso apresurado. -¿Estás bien? –Oí preguntar a Kaene en la distancia. Me giré hacia él con lágrimas en mis mejillas y le mostré el dedo medio. No sé porque lo hice, era un acto infantil, pero no sabía cómo sacar toda la rabia que había dentro de mí, quería gritar, quería correr, quería matar… beber el hermoso liquido carmesí de alguna persona, el delicioso vino me llamaba como ninguna otra cosa.


Alejé esos pensamientos de mi mente por ahora, no podía dejarme llevar y matar a alguien. Tenía que controlarme. Todo estaría bien dentro de poco, todo era un mal entendido. La magia negra no existía, solo había un pequeño golpe en la cabeza de Dominic que había causado una pequeña amnesia.

Tomé la pequeña medalla que Dominic me había regalado cuando me encontraba en el hospital y la froté entre mis dedos mientras repetía una y otra vez la pequeña oración, las lágrimas bajaban por mi rostro sin darme cuenta. Todo mi mundo era difuso. Pero aun así logré entrar en mi habitación, solo para encontrarme con mi madre. Corrí a sus brazos y ella me presionó contra su pecho acallando mis sollozos. -¿Es cierto mamá? ¿Él no me quiere? –Su rostro estaba caliente por las lágrimas en él, mientras ella asentía, mi corazón se quebraba. –Quiero verlo –Dije mientras me limpiaba las lagrimas. No lo creería hasta que lo hubiera visto por mí misma. -¿Estás segura? –Preguntó mi madre, mientras limpiaba mis mejillas. –Estoy más segura que nunca. –Y era cierto, nunca había estado tan esperanzada en algo.

***

Media hora después caminábamos por los pasillos de la escuela hasta los dormitorios de los profesores. Una calmada tensión crepitaba en el aire y eso puso los vellos de mi cuello al máximo.

Nos detuvimos frente a una puerta de roble, la cual recordaba perfectamente. Era la habitación de Dominic. La que tantas veces había visitado en las noches tan solo para encontrarla vacía mientras él había salido a patrullar esos últimos días.

Mi madre tocó suavemente la puerta y se retiró dándome privacidad para hablar con Dominic. Esto tenía que ser una mentira, una broma cruel de Dominic.

Una mujer abrió la puerta de la habitación, una mujer rubia y atractiva, ¡Leonila! Ella no era vieja como la había visto en la reunión. Ella tenía un largo cabello rubio y exuberantes curvas, rematadas así mismo con un vestido demasiado corto y un lápiz labial muy llamativo. A mi parecer se veía más como una prostituta que como una integrante del consejo real. -¿Busca algo alteza? –Preguntó en un estúpido tono de inocencia, que era tan fingido, así como sus pechos eran falsos.

-Busco a mi pareja. Quiero que te quites de mi camino si no quieres morir. –Mi tono era tan territorial y no me importaba, Dominic era mío, él mismo lo había dicho. Ahora no podía retractarse. –Nick está en la ducha, ha tenido un día de perros y me indicó que no dejara pasar a nadie, tengo que darle un masaje en la espalda para que se calme. Ahora si me permite con todo respeto… -La mujerzuela no terminó la frase por que la tomé rápidamente de la muñeca y la jalé hacia el pasillo quedándome en su lugar. Tan sorprendida estaba por mis movimientos que no se dio cuenta de que le cerré la puerta en la cara y puse el pestillo. ¡Bravo Christine! Me aplaudí mentalmente.

-¿Quién estaba en la puerta Leonila? –Preguntó un recién duchado Dominic, con tan solo una toalla encima estaba para comérselo. Su tordo oscuro con músculos definidos, definitivamente tenía que comerme esa tableta de chocolate algún día. Sus brazos eran dignos de mirar. Era un hermoso hombre, seguro de sí mismo y cómodo con su sexualidad y desnudez.

Su miraba se posó en mi y pasó de sorpresa a un profundo odio en menos de cinco segundos. Y la fascinación que había sentido momentos antes se apagó cuando Dominic dejó caer sobre mí una nube negra de culpas. Yo no sentía nada de él, nada de emociones, absolutamente nada, ni mi poder para leer emociones servía, así como tampoco lo hacia nuestra conexión como pareja, porque nuestro frágil lazo se había roto por completo, ahora yo solo era una extraña para él, una extraña conocida. A la cual quería mantener en la bahía de su vida. -¿Qué haces aquí? –Preguntó en un tono frio, mucho más frio del que esperaba viniendo de él. –Viendo cómo te encuentras.

Su mirada me escrutó de una manera tan imposible, como si leyera mis pensamientos y viera en mi alma, pero no para bien, él quería retorcerla en sus manos y clavarla a la pared como un trofeo. El ya no me amaba.

-Tú no me quieres pero yo te amo y ver esa espantosa realidad me está consumiendo, ¿acaso no lo entiendes? –Exploté viendo su silencio. Todo era verdad, el ya no me amaba. Y eso hizo que mi cuerpo se sintiera flaquear.

-No tienes derecho de hablarme así, tú eres una maldita bastarda a mis ojos. Nada cambiará eso. Una hipócrita, una farsante. –Él en realidad no había dicho eso… Mis lágrimas salían a toda prisa, estaba sollozando con fuerza. -¿Qué nos hicieron Dominic?

-No nos hicieron nada Christine Davyna, solo me di cuenta de que nuestro amor, como tú lo llamas nunca existió, todo fue parte de tu imaginación, algo que tu creaste, yo nunca te he amado y nunca lo hare. No eres nada para mi, ¿acaso no lo entiendes? No me importa que seas la reina de la raza, eso no durara mucho.

Desesperada por sus palabras me quité la medalla que él me había regalado y tomé sus tensas manos, le susurré la pequeña oración que el me había dicho. –Virgen… si tienen ojos que no me vean, si tienen manos que no me agarren… -Mis lágrimas salían conforme decía las palabras que se encontraban en mi corazón alojadas tan profundamente, la vida no podía ser tan cruel, el destino me había dejado saber que mi futuro era otro, pero una sucia trampa de alguien malvado había destruido eso. Pero tenía que arreglarlo. –Si tienen piernas que no me alcancen, por favor no permitas que nos atrapen. Amén. –Mientras hablaba mantuve la mirada firme en la suya, y vi un rápido brilló en sus ojos, algo que era tan característico de Dominic, esa paz interior que le brindaba a todo el mundo, ahora estaba presente en él. Y me pregunté a donde había ido su medalla. La que por nada del mundo quitaba de su cuello.

Solté sus manos, y el brillo en su mirada desapareció sustituido por el mismo aborrecimiento. –Eso no funciona conmigo Cris. No me importa si lo dije o no, ya no creo en esas cosas. Todo está en las cosas visibles, no en tonta fe creada por fantasiosos, y oportunistas.


-Ese que habla no eres tú. Algo te ha sucedido, es cierto que usaron magia negra en ti. Y yo lo arreglare, nadie puede alejarte de mí. –Jalé su cuello hacia abajo y lo besé con fuerza, por un segundo todo estuvo bien hasta que él me apartó y abofeteó mi mejilla. Yo jadeé por aire, y sentí que mi labio sangraba. El odio por mi era tan profundo que había llegado al punto de golpearme.

Me apuntó con un dedo mientras sus ojos estaban rojos de ira, era la imagen misma de la destrucción y toda ella estaba dirigida a mí. –Escúchame bien maldita perra. Nunca, ¡Nunca! Hagas eso de nuevo, tan solo de verte me revuelve el estomago. Eres tan repulsiva a mis ojos. ¡Lárgate! –Estaba en shock viendo la sangre en mis dedos. Nunca imaginé que Dominic pudiera hacer algo así, el no era de esa manera, nunca golpearía a una mujer. Era un hombre dulce aunque letal. Jamás se hubiera atrevido a golpearme si estuviera consciente de sus actos.

Salí de la habitación en silencio aun viendo mis dedos, mientras mis lágrimas salían nuevamente, no las podía controlar, el dolor en mi mandíbula era fuerte pero era una pobre comparación con el dolor de mi corazón roto. Una vez Dominic me había perdido, yo había desaparecido físicamente, pero había regresado, ahora él se había ido de una manera que dudaba, duda mucho que regresara.

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La oscuridad la invadió y sin quererlo se ha convertido en una más del clan de los Desalmados, pero lo que ella no sabe es que Alex, su mejor amiga y ángel de la guarda, está haciendo un plan junto con Cassian, su antiguo amante, para rescatar a Cris y a su madre de las garras de Graven, su secuestrador. ¿Podrá Cris regresar al mundo y salvar la vida de todos después de perder su alma?

ADELANTO


Me alejé de Lucas y de Kaene a paso apresurado. -¿Estás bien? –Oí preguntar a Kaene en la distancia. Me giré hacia él con lágrimas en mis mejillas y le mostré el dedo medio. No sé porque lo hice, era un acto infantil, pero no sabía cómo sacar toda la rabia que había dentro de mí, quería gritar, quería correr, quería matar… beber el hermoso liquido carmesí de alguna persona, el delicioso vino me llamaba como ninguna otra cosa.


Alejé esos pensamientos de mi mente por ahora, no podía dejarme llevar y matar a alguien. Tenía que controlarme. Todo estaría bien dentro de poco, todo era un mal entendido. La magia negra no existía, solo había un pequeño golpe en la cabeza de Dominic que había causado una pequeña amnesia.

Tomé la pequeña medalla que Dominic me había regalado cuando me encontraba en el hospital y la froté entre mis dedos mientras repetía una y otra vez la pequeña oración, las lágrimas bajaban por mi rostro sin darme cuenta. Todo mi mundo era difuso. Pero aun así logré entrar en mi habitación, solo para encontrarme con mi madre. Corrí a sus brazos y ella me presionó contra su pecho acallando mis sollozos. -¿Es cierto mamá? ¿Él no me quiere? –Su rostro estaba caliente por las lágrimas en él, mientras ella asentía, mi corazón se quebraba. –Quiero verlo –Dije mientras me limpiaba las lagrimas. No lo creería hasta que lo hubiera visto por mí misma. -¿Estás segura? –Preguntó mi madre, mientras limpiaba mis mejillas. –Estoy más segura que nunca. –Y era cierto, nunca había estado tan esperanzada en algo.

***

Media hora después caminábamos por los pasillos de la escuela hasta los dormitorios de los profesores. Una calmada tensión crepitaba en el aire y eso puso los vellos de mi cuello al máximo.

Nos detuvimos frente a una puerta de roble, la cual recordaba perfectamente. Era la habitación de Dominic. La que tantas veces había visitado en las noches tan solo para encontrarla vacía mientras él había salido a patrullar esos últimos días.

Mi madre tocó suavemente la puerta y se retiró dándome privacidad para hablar con Dominic. Esto tenía que ser una mentira, una broma cruel de Dominic.

Una mujer abrió la puerta de la habitación, una mujer rubia y atractiva, ¡Leonila! Ella no era vieja como la había visto en la reunión. Ella tenía un largo cabello rubio y exuberantes curvas, rematadas así mismo con un vestido demasiado corto y un lápiz labial muy llamativo. A mi parecer se veía más como una prostituta que como una integrante del consejo real. -¿Busca algo alteza? –Preguntó en un estúpido tono de inocencia, que era tan fingido, así como sus pechos eran falsos.

-Busco a mi pareja. Quiero que te quites de mi camino si no quieres morir. –Mi tono era tan territorial y no me importaba, Dominic era mío, él mismo lo había dicho. Ahora no podía retractarse. –Nick está en la ducha, ha tenido un día de perros y me indicó que no dejara pasar a nadie, tengo que darle un masaje en la espalda para que se calme. Ahora si me permite con todo respeto… -La mujerzuela no terminó la frase por que la tomé rápidamente de la muñeca y la jalé hacia el pasillo quedándome en su lugar. Tan sorprendida estaba por mis movimientos que no se dio cuenta de que le cerré la puerta en la cara y puse el pestillo. ¡Bravo Christine! Me aplaudí mentalmente.

-¿Quién estaba en la puerta Leonila? –Preguntó un recién duchado Dominic, con tan solo una toalla encima estaba para comérselo. Su tordo oscuro con músculos definidos, definitivamente tenía que comerme esa tableta de chocolate algún día. Sus brazos eran dignos de mirar. Era un hermoso hombre, seguro de sí mismo y cómodo con su sexualidad y desnudez.

Su miraba se posó en mi y pasó de sorpresa a un profundo odio en menos de cinco segundos. Y la fascinación que había sentido momentos antes se apagó cuando Dominic dejó caer sobre mí una nube negra de culpas. Yo no sentía nada de él, nada de emociones, absolutamente nada, ni mi poder para leer emociones servía, así como tampoco lo hacia nuestra conexión como pareja, porque nuestro frágil lazo se había roto por completo, ahora yo solo era una extraña para él, una extraña conocida. A la cual quería mantener en la bahía de su vida. -¿Qué haces aquí? –Preguntó en un tono frio, mucho más frio del que esperaba viniendo de él. –Viendo cómo te encuentras.

Su mirada me escrutó de una manera tan imposible, como si leyera mis pensamientos y viera en mi alma, pero no para bien, él quería retorcerla en sus manos y clavarla a la pared como un trofeo. El ya no me amaba.

-Tú no me quieres pero yo te amo y ver esa espantosa realidad me está consumiendo, ¿acaso no lo entiendes? –Exploté viendo su silencio. Todo era verdad, el ya no me amaba. Y eso hizo que mi cuerpo se sintiera flaquear.

-No tienes derecho de hablarme así, tú eres una maldita bastarda a mis ojos. Nada cambiará eso. Una hipócrita, una farsante. –Él en realidad no había dicho eso… Mis lágrimas salían a toda prisa, estaba sollozando con fuerza. -¿Qué nos hicieron Dominic?

-No nos hicieron nada Christine Davyna, solo me di cuenta de que nuestro amor, como tú lo llamas nunca existió, todo fue parte de tu imaginación, algo que tu creaste, yo nunca te he amado y nunca lo hare. No eres nada para mi, ¿acaso no lo entiendes? No me importa que seas la reina de la raza, eso no durara mucho.

Desesperada por sus palabras me quité la medalla que él me había regalado y tomé sus tensas manos, le susurré la pequeña oración que el me había dicho. –Virgen… si tienen ojos que no me vean, si tienen manos que no me agarren… -Mis lágrimas salían conforme decía las palabras que se encontraban en mi corazón alojadas tan profundamente, la vida no podía ser tan cruel, el destino me había dejado saber que mi futuro era otro, pero una sucia trampa de alguien malvado había destruido eso. Pero tenía que arreglarlo. –Si tienen piernas que no me alcancen, por favor no permitas que nos atrapen. Amén. –Mientras hablaba mantuve la mirada firme en la suya, y vi un rápido brilló en sus ojos, algo que era tan característico de Dominic, esa paz interior que le brindaba a todo el mundo, ahora estaba presente en él. Y me pregunté a donde había ido su medalla. La que por nada del mundo quitaba de su cuello.

Solté sus manos, y el brillo en su mirada desapareció sustituido por el mismo aborrecimiento. –Eso no funciona conmigo Cris. No me importa si lo dije o no, ya no creo en esas cosas. Todo está en las cosas visibles, no en tonta fe creada por fantasiosos, y oportunistas.


-Ese que habla no eres tú. Algo te ha sucedido, es cierto que usaron magia negra en ti. Y yo lo arreglare, nadie puede alejarte de mí. –Jalé su cuello hacia abajo y lo besé con fuerza, por un segundo todo estuvo bien hasta que él me apartó y abofeteó mi mejilla. Yo jadeé por aire, y sentí que mi labio sangraba. El odio por mi era tan profundo que había llegado al punto de golpearme.

Me apuntó con un dedo mientras sus ojos estaban rojos de ira, era la imagen misma de la destrucción y toda ella estaba dirigida a mí. –Escúchame bien maldita perra. Nunca, ¡Nunca! Hagas eso de nuevo, tan solo de verte me revuelve el estomago. Eres tan repulsiva a mis ojos. ¡Lárgate! –Estaba en shock viendo la sangre en mis dedos. Nunca imaginé que Dominic pudiera hacer algo así, el no era de esa manera, nunca golpearía a una mujer. Era un hombre dulce aunque letal. Jamás se hubiera atrevido a golpearme si estuviera consciente de sus actos.

Salí de la habitación en silencio aun viendo mis dedos, mientras mis lágrimas salían nuevamente, no las podía controlar, el dolor en mi mandíbula era fuerte pero era una pobre comparación con el dolor de mi corazón roto. Una vez Dominic me había perdido, yo había desaparecido físicamente, pero había regresado, ahora él se había ido de una manera que dudaba, duda mucho que regresara.

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